Un análisis del Observatorio Complutense de Desinformación detectó 405 incidentes de desinformación durante el proceso electoral chileno de 2025, en un contexto marcado por la vigencia del voto obligatorio, la ampliación del padrón y una alta polarización política. El estudio, desarrollado en colaboración con el PNUD y universidades chilenas, monitoreó la franja electoral, redes sociales y medios digitales entre el 17 de octubre y el 19 de noviembre, cubriendo la primera vuelta del 16 de noviembre y el balotaje del 14 de diciembre.
CONTEXTO ELECTORAL Y METODOLOGÍA
La investigación se enmarca en las misiones de observación del Observatorio Complutense, que desde 2023 ha desplegado 16 misiones en Iberoamérica. En Chile, un equipo de 32 codificadores de cuatro universidades locales construyó una muestra de 405 incidentes de desinformación (IMI) a partir del monitoreo activo de la franja electoral, plataformas de redes sociales, medios digitales, canales de mensajería abierta y contenidos verificados por organizaciones chilenas afiliadas a la International Fact Checking Network (IFCN).
El estudio contó con el apoyo del Ministerio de Ciencia e Innovación y la Agencia Estatal de Investigación, a través del proyecto “Garantías institucionales y regulatorias. Autoridades electorales y de supervisión digital ante interferencias, narrativas hostiles, publicidad segmentada y polarización” (Dir-Politics), así como del programa Erasmus+ de la Unión Europea mediante la Cátedra Jean Monnet Decoding-i-Disorders.
PATRONES DE DESINFORMACIÓN Y ACTORES INVOLUCRADOS
Los resultados muestran patrones recurrentes de desinformación provenientes de candidaturas y otros actores políticos. El Gobierno y las instituciones del Estado fueron los principales destinatarios de información falsa o engañosa. No obstante, el informe advierte que estos hallazgos deben interpretarse considerando el diseño metodológico, que otorgó un peso significativo al monitoreo de la franja electoral —espacio regulado que permitió un seguimiento más sistemático— en comparación con las redes sociales, cuya observación presenta dificultades asociadas a la opacidad algorítmica, la fragmentación de audiencias y las limitaciones de captura de datos.
El estudio documenta la coexistencia de estrategias comunicacionales tradicionales, como la televisión abierta, y plataformas digitales, cuyas lógicas de circulación difieren sustantivamente. Se destaca la relación entre desinformación y polarización política, señalando que estas dinámicas, especialmente cuando son amplificadas por plataformas digitales, pueden erosionar la confianza ciudadana en las instituciones democráticas encargadas de organizar y supervisar los procesos electorales.
ROL DEL SERVEL Y BUENAS PRÁCTICAS
Un punto relevante del informe es la función protectora que ha cumplido la confianza ciudadana en el Servicio Electoral (Servel). La escasa presencia de narrativas de desinformación dirigidas contra el organismo o el proceso de votación refleja el éxito de su estrategia comunicacional. Asimismo, se valoran las alianzas multisectoriales, como la Mesa de Gobernanza para la Integridad de la Información, donde universidades, organizaciones de la sociedad civil y poderes públicos se comprometen a construir y validar mecanismos de resiliencia ante este fenómeno.
El análisis busca contribuir tanto al debate académico como al diseño de políticas públicas orientadas a enfrentar los desórdenes informativos en contextos electorales caracterizados por altos niveles de polarización.
Nota del Editor: Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.
