El receso por semana distrital y regional detuvo temporalmente la discusión del Plan de Reconstrucción Nacional en el Senado. Sin embargo, en La Moneda el debate interno se ha intensificado en torno a si el gobierno debe buscar un acuerdo amplio o conformarse con aprobar la reforma por el mínimo de votos necesario.
La incertidumbre creció después de que el Ejecutivo constatara que el escenario en la Cámara Alta será más complejo que en la Cámara de Diputados. En aquella instancia, el proyecto avanzó gracias a votos clave del Partido de la Gente, colectividad que no tiene representación en el Senado. Esto obliga al oficialismo a explorar apoyos entre sectores del Socialismo Democrático y senadores independientes.
ESTRATEGIA DE MÍNIMOS
Paralelamente, se ha flexibilizado el objetivo inicial del ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, de despachar la iniciativa antes de fines de junio. El ministro del Interior, Claudio Alvarado, fue el primero en sincerar este cambio durante una entrevista en Canal 13, donde bajó las expectativas sobre los plazos y abrió la puerta a una negociación más extensa. “No tengo ningún problema en que se alargue el tiempo de discusión si efectivamente hay ánimo, voluntad y disposición de acuerdo”, afirmó.
Pese al discurso oficial de búsqueda de consensos, en el gobierno se ha impuesto una postura más pragmática: si el proyecto puede aprobarse por un solo voto, ese escenario también es válido. El senador y presidente del Partido Republicano, Arturo Squella, lo expresó claramente en Radio Duna: “Si es que se gana por un voto, feliz igual”.
La frase respondía a la preocupación planteada el día anterior por el senador Manuel José Ossandón (RN), quien advirtió en La Tercera que ganar por un voto podría ser riesgoso para una reforma de largo plazo. En Palacio, sin embargo, consideran que incluso un respaldo transversal no garantizaría estabilidad futura, ya que cualquier nueva mayoría podría introducir cambios.
NEGOCIACIÓN CASO A CASO
Bajo esa lógica, el gobierno ha optado por el “pirquineo” de votos: negociar senador por senador para alcanzar los 26 votos necesarios. Alvarado reforzó esta línea al señalar que, si no hay disposición al diálogo, contarán con los votos que sean para la aprobación.
El problema es que incluso esa estrategia de mínimos enfrenta obstáculos. Además de los votos de la oposición, el Ejecutivo necesita el respaldo de senadores aliados no declarados oficialistas, como Matías Walker (Ind. ex Demócratas), Miguel Ángel Calisto, Vanessa Kaiser y Alejandro Kusanovic. Kusanovic, senador por Magallanes, ha puesto condiciones explícitas y dejó entrever que su voto no está garantizado si no se atienden demandas regionales.
Por su parte, la senadora RN María José Gatica criticó duramente al ministro Quiroz, acusándolo de poner en riesgo el capital político del presidente Kast y advirtiendo que “el Senado no es un buzón”. En contraste, Matías Walker ha manifestado su disposición a ser el voto dirimente si no se logra un acuerdo amplio, recordando su rol en la reforma tributaria de 2014.
DIFICULTADES EN LA DISCUSIÓN PARTICULAR
El riesgo de una aprobación estrecha de la idea de legislar es que luego se complique la discusión en particular, especialmente en normas sensibles como la reducción del impuesto corporativo o las disposiciones de invariabilidad tributaria. Desde la oposición, senadores como Pedro Araya (PPD) han mostrado apertura a dialogar, aunque sin comprometer su voto. Karim Bianchi condicionó su apoyo a la incorporación de medidas para pymes y zonas extremas.
La Moneda asume que, pese a las dificultades, la reforma saldrá adelante, aunque sea por un margen mínimo. La tesis de un acuerdo amplio sigue siendo deseable, pero ya no es vista como indispensable.
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.
